24-10 2. Santander-Murcia.Vega de Pas-tunel de la Engaña-villarcayo.
2 S-M. De Vega de Pas a Villaarcayo.
Después de un desayuno con “sobaos”, grandes, jugosos, tiernos…la imagen idílica que tenemos de ellos, cargamos las bicis y comenzamos la subida hasta el túnel de la Engaña.
La subida empinada pero corta. Cuando ya la vegetación escaseaba, y empezaban a verse las revueltas del puerto apareció el desvío de la Engaña. La famosa entrada no aparece de inmediato, antes hay que recorrer varios túneles , entre un camino roto de rodadas, pedruscos y arroyos que van cruzando el camino en todas direcciones, quizás sea el tramo más accidentado de toda la ruta.
Al final de la senda el “gran túnel, con letrero en la entrada, “Túnel de la Engaña”, “6.974 metros”. Todo un reto que se difumina en la oscuridad. Empezamos, sin mucho ánimo, más pensando en algún punto retroceder que en la posibilidad de cruzarlo, tantas habían sido las historias vistas que nos desanimaban. Pero fuimos haciendo el recorrido en la oscuridad, alumbrados por los focos de la bici, y a veces el frontal. De vez en cuando algún desprendimiento, bloques en mitad del túnel que sorteamos con facilidad, otros tramos con mucha humedad, una lluvia fina inundaba todo, otras una nube de polvo que revoloteaba en los frontales. Cuando llevábamos avanzados casi cuatro kilómetros, es fácil calcularlo ya que en todo el túnel hay indicaciones del la distancia que recorres, aparece el gran desprendimiento.
El descenso hacia el lado castellano es fácil, a pocos metros de la hendidura pudimos volver a recomponer la bicicletas. El desprendimiento parece que es la caída de una de las losas que sostienen el túnel. Al mirar más allá, hacia arriba, hay una oscuridad siniestra que parece vislumbrar el corazón de la montaña, sobrecoge.
El resto parece más fácil, más transitable, hasta que a trescientos metros de la salida va apareciendo una lámina de agua que rellena todo el suelo, salvo un resalte a los lados, que es por el que andamos. Caminamos por el resalte a 30 cm del agua mientras conducimos la bici por el manillar. El trayecto no es largo, 300 metros, pero incómodo. Al fondo ya se percibe la claridad. Cuando más se van hundiendo las ruedas aparece junto al resalte unas escaleras talladas en la roca suben a que u pequeño pasillo también en roca, por donde caben bicis y alforjas e nos saca al valle.
La salida pintoresca, parecía que salíamos de un alambique, apetecía algo más grandioso, un espacio abierto, pero salimos a una senda que se levanta entra ramas y raíces junto al río que da nombre al túnel y al valle, Engaña. Porque una vez fuera te encontraba con un camino de zarzas y raíces que anhelabas la oscuridad pasada.
Después de tanta emoción es preciso parar, volver a recomponer las alforjas y bolsas que llevamos en la bici, acostumbrarse a la luz del sol. Nos relajamos de la tensión del túnel y respiramos aliviados, estas oscuridades agobian.
Retomamos la vía, esta vez ya es la oficial “Santander-Mediterráneo”, el cartel que nos acompañarrá hasta Sagunto. La pista fácil, de buen firme, todo de bajada, pasamos por San Martín de Porres, en la trinchera del tren, por Pedrosa de Valdetorres y abandonamos la vía en Santelices. Donde pudimos reponernos en el Mesón Begoña de excelente trato y comida.
Retomamos la vía, siempre de bajada. Viene lo fácil. Bajamos junto al río Nela, al principio abierto pero poco a poco se va “encañonando” los riscos se acercan al cauce y la vía se estrecha entre peñascos y el agua. La llegada a Puentedey espectacular. El pueblo sobre la peña horadada, por muchas veces que lo visitas siempre te sorprende. Hacia adelante una recta de kilómetros rodeada de robles, con las lomas de “Los casares” al fondo. Las Merindades nos siguen sorprendiendo.
La vía nos lleva a la antigua estación de Villarcayo, junto a las antiguas locomotoras oxidadas. Hay camping municipal en excelentes condiciones.


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